A quienes llevan gravada una herida, buscando salida.
Sí, perdono, como quien abre la mano al viento y deja ir una culpa ajena; espina que dolía en la carne.
Perdono para que el mal recuerdo no tiemble más en el aire ni hiera cuando un nombre se pronuncia.
Perdono porque es la hora de disolver el sufrimiento, como niebla que aprende a no aferrarse al valle.
Sí, perdono, clausurando la angustia que mal dibujó la historia; que en la muerte responde quien tiene culpa.
Perdonar no borra la herida; a veces abre la mano para que el recuerdo deje de temblar dentro del pecho.