Oh, guía de mi destino, funde tu cálida paz en el dolor de mi soledad. Permite que la queja y el lamento reposen por fin. Concede a mi alma serenidad y abraza este sentir insondable, hasta que logre alcanzar, por completo y sin más resistencia, la aceptación.
Tú sabes de qué estoy hecho: de piel y de alma. Y ante la ausencia sin retorno del ser que ahora es memoria, he permanecido en silencio por largo tiempo. Refúgiame en tu abrigo transparente, hasta nutrir mi frágil presencia con tu aliento renovador.
Dame voluntad para cruzar lo que aún queda por sanar en la memoria del alma, y sostén mi corazón en tu quietud.
La plegaria busca un lugar de descanso para la queja, el lamento y todo aquello que aún necesita sanar.