Yo sé que las fuerzas se han debilitado y que no existen palabras suficientes de consuelo, porque es tu dolor. El bosque ha crecido de ayer a hoy cubriendo tu camino, haciendo que tus días y tus fechas no coincidan con las alegrías de otros. Toma mi fuerza: que sea un pilar para que descanse tu ser. Quiero calmar tu dolor; recibe mi comprensión, lágrima íntima por tu tormento.
Yo sé que la queja y el lamento los llevas a solas y te pesan tanto. Sé que cruzan por tu mente falsedades haciéndote creer que la vida es solo una mentira. Si el sufrimiento te atraviesa hasta lo más profundo de tu alma, siéntelo sin convertirte en esclavo de tu pena.
Toma mi aliento para que te impulse y te dé valor, porque la vida también es el amor de los demás, que se refleja como un espejo, como cuando otros necesitaron de tu fortaleza y tú, sin dudar, estuviste a su lado.
Hoy hay manos dispuestas por ti; caen puñados de sensibilidad como un manto que cubre la nostalgia con esperanza sosegada. Sé que a veces la niebla de los días no la desvanece nadie, solo Dios, pero mira: cuántas manos te queremos hoy levantar, para ayudarte a caminar y hacer más liviano tu dolor.
Mañana será mejor. Toma mi apoyo y no dejes la herida en soledad; comparte lo que sientes, libera el corazón para que la congoja pese menos y puedas descansar. No tengas miedo: Dios está en tu soledad, construyendo tu coraza.
Mañana, cuando todo pase, será mejor. Toma por hoy mi fuerza y comprensión.
A veces la esperanza llega como una mano cercana: no borra el dolor, pero ayuda a caminar con él.