Madre amada

Ausencia y memoria

Ahora que te evoco en mi pesar, tu mansedumbre me visita con el viento, madre amada; tan extrañada en mi presente. Las fechas trazan distancia, una travesía que corre aprisa. Aun así, el dolor no logra erguirse del todo, porque la luz de tu memoria se alza despacio sobre él.

Dime, en tu lenguaje espiritual, cuántos largos días le quedan a mi pena. Aún no concilio el tiempo de tu ausencia, que se lleva consigo cada poniente...

Los recuerdos permanecen en el tiempo que, como un tirano, intenta imponerles olvido. Sin embargo, tú, te revelas con delicadeza, acompañando nuestros pasos, deseando hacernos más liviana la enseñanza.

Detrás de tus fronteras celestiales quisieras hablarnos con palabras, lo sé; pero ahora tus mensajes llegan en el canto de las aves y en la claridad del alba.

La memoria de una madre puede llegar como viento, luz o canto, recordando que el amor sigue acompañando aun desde otra orilla.